Difundir en masa es decirle algo general a todo el mundo. Hacer narrowcasting es decirle algo concreto a un grupo más pequeño.
Para la mayoría de negocios pequeños lo segundo es lo único asumible, y además suele funcionar mejor.
Por qué funciona
Un mensaje escrito para todos tiene que ser lo bastante vago como para que le valga a todos, y por eso se olvida. Un mensaje escrito para un tipo de cliente concreto puede nombrar su problema real, y eso es a lo que la gente responde.
También sale más barato. No pagas por llegar a un público que nunca te iba a comprar.
Sobre qué puedes segmentar
- Quiénes son. Edad, ingresos, profesión, situación familiar.
- Dónde están. A veces son cuatro calles. Para un instalador o un restaurante de barrio, muchas veces es el único filtro que importa.
- Qué han hecho. Páginas que han visitado, cosas que han comprado, un email que abrieron. El comportamiento predice la intención mejor que la demografía.
Dónde ocurre
Las redes y el email son lo evidente, porque la segmentación viene de serie. Pero el narrowcasting no es nuevo ni es solo digital: las revistas especializadas, la radio local y los canales sectoriales llevan toda la vida haciendo lo mismo.
Las pantallas de una sala de espera o de una tienda también son narrowcasting, y de la versión más literal. Sabes exactamente quién está ahí de pie.
La letra pequeña
Segmentar bien exige datos sobre tu público, y recogerlos trae obligaciones. Consentimiento, una política de privacidad que describa lo que haces de verdad y un motivo real para guardarlos. Conviene resolverlo antes de montar una campaña encima.
La otra pega es más frecuente: se segmenta con precisión y luego se lanza el mismo mensaje genérico de siempre. La segmentación es la mitad fácil. Lo que le dices a ese grupo es la mitad que funciona.
Si quieres saber qué grupos vale la pena separar en tu negocio, es una conversación que tenemos a menudo.





