La mayoría de webs de empresa están bien. Existen, cargan, listan los servicios. Y no hacen nada, en el sentido de que nadie sabría señalar un cliente que llegó por ahí.
Lo que separa esas de las que se ganan el sueldo no es el presupuesto ni el diseño. Son cuatro o cinco decisiones.
Responde a la pregunta con la que llegó el visitante
Alguien entró por algo concreto. Un precio, una ubicación, si haces lo que necesita. Si la respuesta no está a la vista sin buscar, vuelve a los resultados y se lo pregunta a otro.
Es el fallo más común y el más barato de arreglar. Mira tus cinco páginas más visitadas y pregúntate, en cada una, qué pregunta trajo a esa persona y si está respondida sin bajar.
Va rápida, sobre todo en el móvil
La velocidad posiciona, pero pesa más el efecto directo: la gente abandona las páginas lentas. Casi todo el peso son imágenes que nadie redimensionó, y eso es una tarde de trabajo, no rehacer la web.
Dice quién más confía en ti
Una reseña, el nombre de un cliente, un caso. Que tú digas que eres bueno se da por hecho. Que lo diga un cliente es una prueba. Ponlo junto a la decisión, no en una página de testimonios que no abre nadie.
Tiene un siguiente paso evidente
Cada página importante debería tener una sola acción clara, y un botón que diga qué va a pasar. "Reserva una llamada" es mejor que "Más información" porque el visitante sabe a qué dice que sí.
Alguien la mantiene al día
La más difícil, porque nunca parece urgente. Precios viejos, personas que ya no están, un año de copyright de hace tres. Cada cosa es pequeña y juntas dicen que nadie está al cargo.
Qué vale esto
Una web que hace estas cosas no necesita más tráfico para dar más trabajo. Convierte mejor el que ya tienes, que es la mitad barata del problema y la que casi todo el mundo se salta.
Hacemos webs por un precio cerrado y las mantenemos por una cuota mensual, para que el último punto sea el trabajo de alguien y no de nadie. Cuéntanos qué no funciona y te decimos qué cuesta arreglarlo.





