Lo oímos casi todas las semanas, y suele ser verdad. Hay muchos buenos negocios levantados casi solo con recomendaciones.
Sigue sin ser un argumento contra tener web, por lo que pasa después.
El boca a boca acaba en una búsqueda
Alguien te recomienda. La otra persona asiente y, esa misma noche, te busca. Ese momento es para lo que existe tu web.
Lo que encuentre decide si la recomendación se convierte en cliente. Una web al día, con fotos reales e información clara, la confirma. Nada, o algo de 2014 con el formulario roto, la deshace en silencio. Quien te recomendó no se entera nunca.
Así que la web no compite con el boca a boca. Lo termina.
Lo que te quita de la mesa
La parte que se subestima es la administrativa. Un formulario que recoge lo que ibas a preguntar por teléfono. Reservas online, para que la reserva ocurra sin descolgar. Un apartado de preguntas frecuentes que responde las mismas cinco de cada semana.
Eso es tiempo recuperado, todas las semanas. No es marketing.
Cuándo toca rehacerla de verdad
La mayoría de webs necesitan trabajo real cada tres a cinco años. No por moda, aunque algo hay. Porque los navegadores, los móviles y Google se mueven, y una web que no se toca se queda atrás en las tres cosas a la vez.
Dos cosas la envejecen más rápido:
No funciona bien en el móvil. Más de la mitad de tus visitas están ahí. Una web que hay que ampliar con los dedos se cierra.
Va lenta. La velocidad posiciona y, más importante, la gente se va.
Si no sabes en qué categoría está la tuya, mándanos la dirección. Te diremos con franqueza si hay que sustituirla o solo arreglarla.





